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viernes, 5 de mayo de 2017

Vicios privados, pública virtud (II): La infracción develada


Camila O´Gorman
El temor al escándalo ha sido siempre un moderador de los impulsos infractores. Muchos son virtuosos (o al menos lo aparentan) porque la posibilidad de quedar expuestos al escrutinio público y sufrir las repercusiones los detiene.
La historia de Camila O´Gorman, joven de la clase adinerada de Buenos Aires, a mediados del siglo XIX, y su amante, Ladislao Gutiérrez, sacerdote de la parroquia que ella frecuentaba, había llegado a convertirse en un tema novelesco, no inferior a la historia de Cumbres Borrascosas, una adaptación de la novela Wuthering Heights de Emily Brontë que Pedro López Lagar interpretaba en Radio El Mundo. Que una mujer de clase alta se enamorara de un cura, que el cura le correspondiera, que ambos fueran fusilados por orden de Juan Manuel de Rosas, a pesar de que la mujer estaba embarazada, resumía una serie de desafíos a las normas sociales, capaz de conmover a cualquiera.
Las mujeres de la aristocracia argentina podían hacer lo que quisieran, siempre y cuando lo hicieran fuera de las fronteras del país, durante viajes fastuosos y prolongados que les permitían borrar los rastros de cualquier desliz. Los sacerdotes podían tener empleadas domésticas fieles, que por circunstancias no especificadas traían bajo su exclusiva responsabilidad hijos al mundo. Eso no escandalizaba a nadie. O´Gorman y Gutiérrez habían optado por huir juntos a Corrientes, donde esperaban vivir como marido y mujer, un desafío a la opinión dominante que la sociedad porteña no podía tolerar.

Ninguna persona me aconsejó la ejecución del cura Gutiérrez y Camila O´Gorman, ni persona alguna me habló ni escribió en su favor. Por el contrario, todas las personas (…) me hablaron o escribieron sobre ese atrevido crimen y la urgente necesidad de un ejemplar castigo para prevenir otros escándalos semejantes o parecidos. Yo creía lo mismo. Y siendo mía la responsabilidad, ordené la ejecución. (Juan Manuel de Rosas)

Congreso Eucarístico de 1934
La imagen de Argentina como un país mayoritariamente católico era confirmada por cada Censo Nacional que se realizaba, desde fines del siglo XIX. En 1947 se calculaba que el 93,6% de la población compartía esa fe. En 1960, los creyentes se habían reducido al 90.5%. A pesar del actual descrédito de todas las instituciones, que incluye a la Iglesia Católica, los miembros de esa comunidad continúan siendo un número considerable. De acuerdo a estudios recientes, el 76,5% de los argentinos se consideran católicos, aunque no por ello practicantes.
La organización del Congreso Eucarístico Internacional en Buenos Aires, garantizó en 1934 la imagen pública de Argentina como un país homogeneizado por la fe católica, que el cardenal Eugenio Pacelli, futuro Pio XII, el mismo que tendría poco tiempo después una controvertida actuación durante la Segunda Guerra Mundial, saludó con la misma convicción de otros ilustres visitantes europeos no menos desinformados y sin embargo decididos a no averiguar nada sobre el país que analizaban.

Muchedumbres argentinas en las que el cristianismo tradicional y añejo, heredado de los abuelos, palpita vibrante en corazones templados con auras vírgenes del Nuevo Mundo; (…) en esta tierra vigorosa que ha sabido formar un pueblo compacto en el que los elementos más ricos y diversos se han fundido en armoniosa unidad y original potencial. (Eugenio Pacelli: Discurso inaugural del Congreso Eucarístico)

Congreso Eucarístico de 1934
“Cristo Vence” o “Lenin o Jesús”, proclamaban las consignas coreadas por multitudes nunca vistas en el país. Pacelli hablaba sin embargo desde la Década Infame, a un país que se encontraba sometido a un régimen de legitimidad discutible, nacido tras el golpe de Estado que había derrocado al Presidente Yrigoyen y solo conseguía perpetuarse gracias al fraude y los alzamientos militares, mientras la radio, un medio nuevo y capaz de reprimir las voces disidentes e imponer el discurso hegemónico del Poder, presentaba a la Argentina como una sociedad dispuesta a luchar por la conciliación social, una causa que a pesar de sus contradicciones era la oficial de la Iglesia.

¡Dios de los corazones / sublime Redentor / domina a las naciones / y enséñales tu amor! (…) / Es tuyo este pueblo / de muchas estirpes, / pues Tú renovaste / sus fuerzas viriles. (Himno del Congreso Eucarístico de 1934)

Hospicio de menores abandonados
Desde 1823 se estableció en Buenos Aires una Sociedad de Damas de Beneficencia, sostenida por el Estado y los particulares interesados en efectuar donaciones, que debía encargarse de velar por la situación de los pobres, tarea que a pesar de los loables propósitos que anuncia, resulta de poco probable cumplimiento. Con esto, Bernardino Rivadavia intentaba desplazar a la Iglesia Católica de una función que le había sido asignada en tiempos de la colonia española y se mantenía por inercia durante la república. 
La Casa de Niños Expósitos y la Casa de Huérfanos quedaban adscriptas a la Sociedad. Para completar la acumulación de compromisos difíciles, y dado que no había escuelas para niñas en Buenos Aires, las damas de la Sociedad debían encargarse también de eso. En la práctica, la Sociedad se convertía en una agencia de trabajo, dedicada a colocar lo antes posible a sus pupilos en hogares (las niñas se destinaban a los quehaceres domésticos) o los comercios y talleres industriales (los niños, eran ofertados como aprendices) para que trabajaran sin ser remunerados, hasta que fueran mayores y estuvieran en capacidad de valerse por sí mismos.
Fundación Eva Perón
La llegada del peronismo alteró las buenas relaciones entre la Sociedad de Beneficencia y el Estado, que no terminaba con la pobreza. Un gobierno que incorporaba la Justicia Social a sus slogans fundamentales, no podía compartir la asistencia social con las damas de la clase alta argentina, aunque las esposas de los altos funcionarios de turno estuvieran involucradas en la tarea. Una estructura que se había mantenido intacta por algo más de un siglo, pasó a ser vista como una rémora intolerable.

Para que la limosna fuese aún más miserable y más cruel inventaron la beneficencia, y así añadieron al placer perverso de la limosna el placer de divertirse alegremente con el pretexto del hambre de los pobres. La limosna y la beneficencia son para mí ostentación de riqueza y de poder para humillar a los humildes. (Eva Perón: La Razón de mi Vida)

La Sociedad de Beneficencia fue intervenida y disuelta en 1946. El Estado, a través de la Fundación Eva Perón, que disponía de enormes recursos, se responsabilizó a partir de entonces de atender la demanda de los desamparados, mientras ponía en juego la más hábil estrategia clientelista de la Historia argentina. Si detrás de esa formidable estructura había corrupción y despilfarro, como se denunció a partir de 1955, eso no lograba dañar demasiado la imagen mítica de la pareja presidencial.
Tanto las Fuerzas Armadas como la Iglesia Católica, han sido instituciones tradicionales, controladas por hombres, donde quedaban excluidas las mujeres y solían ejercer una influencia inocultable sobre el resto de la sociedad. Los capellanes ejercen su ministerio en el interior de las estructuras militares y los militares suelen pronunciarse fervientes defensores de las doctrinas tradicionales de la Iglesia. La estructura jerárquica vigente en el catolicismo y el ejército, los ponía al margen de la mayor parte de las disputas que debilitan a los partidos políticos y las entidades civiles, pero al mismo tiempo las exponía a alimentar contradicciones flagrantes entre su imagen pública y la realidad de su desempeño interno.
Las autoridades de la Iglesia lograron ignorar (pero no erradicar) durante décadas incontables denuncias de abusos pedófilos que implicaban al clero, facilitados por su trabajo educativo con niños. Las Fuerzas Armadas, que todos los años incorporan a hombres jóvenes a sus filas para formarlos como defensores de la Nación, ha sido más de una vez terreno propicio para la comisión de abusos de todo tipo. David Viñas en la novela Cuerpo a Cuerpo y Marta Lynch en el cuento El Dormitorio, han descripto las infracciones a las normas de conducta que pueden darse en el interior de un cuartel, probablemente para entretener de algún modo los aburridos fines de semana sin presencia femenina o solo porque tales actividades se vienen repitiendo desde mucho antes y han llegado a convertirse en ceremonias de iniciación, donde los más jóvenes son sometidos por los veteranos o los superiores.
Marta Lynch

El cadete Osorio siente una angustiosa opresión de soledad y al pasar su mano sobre la sábana percibe que su cuerpo existe y que reclama compañía. No voy a dormir. No quiero hacerlo y no podrá aun si lo quisiera. (…) Ahora vuelvo a oler y percibo el olor familiar de la barraca; la acidez del cuerpo de Schlieman, un definido olor a cuerpo fregado llega desde la piel de Vargas. (Marta Lynch: El Dormitorio)

Los vicios secretos prosperan al amparo de imágenes públicas que enfatizan la virtud de las instituciones que los encubren para no desprestigiarse con su difusión. En 1942, de acuerdo a la prensa sensacionalista de la época, estalla el escándalo de los Cadetes del Colegio Militar de Buenos Aires. Los jóvenes eran invitados por mujeres atractivas a participar en francachelas, donde se los drogaban, se los fotografiaba desnudos, para chantajearlos a continuación, obligándolos a prostituirse con clientes masculinos de la clase alta. Tras la denuncia hecha ante el Presidente Castillo por una de las víctimas, hubo una sesión secreta del Senado de la República y se labró un expediente militar, que mantuvo la reserva sobre lo sucedido, a pesar de haber tomado medidas para expulsar a quienes hubieran consentido el abuso, mientras aconsejaba a los jóvenes que no anduvieran con uniforme, para evitar las burlas de quienes encontraran por la calle.
En la actualidad, todos los años se realizan en las grandes ciudades argentinas marchas del Orgullo Gay, donde los homosexuales se exhiben tal como les satisface hacerlo y habitualmente no suelen intentarlo en público. Puede vérselas como una imitación de manifestaciones extranjeras, tal como la celebración de Halloween o el Día del Amigo, pero también como una reivindicación, una protesta declarada.
Manuel Mujica Lainez
En el pasado, gente del mundo de la cultura como Paco Jamandreu, Miguel de Molina (primero expulsado del país, por izquierdista, luego readmitido por decisión de Eva Perón), Manuel Mujica Láinez o Alfredo Alaria, cada uno en su ámbito profesional, podían vivir su sexualidad según sus propios parámetros, en privado, entre cuatro paredes, mientras que solían ser bastante discretos en público, para no molestar a la sociedad que podía ser tradicionalista y en ese caso revelarse demasiado intolerante.
En 1912, José González Castillo, un escritor anarquista había estrenado con gran escándalo el drama Los Invertidos, muestra el descubrimiento de Clara, una esposa madura, que se entera (demasiado tarde) de las preferencias sexuales de su marido, un juez respetado. Ella termina matando a quien ha estado a punto de convertirla en su amante y ha sido la pareja homosexual de su marido, casi desde la infancia. Aunque la pieza defendiera una visión tradicional (por condenatoria) de la homosexualidad, la sociedad argentina prefería no mencionar el tema. Hablar de aquello que socialmente se había decidido no mencionar nunca, resultaba tan inaceptable para la opinión mayoritaria como incurrir en la misma conducta censurada.
La visión dominante del mundo era bastante simple (aunque no por ello menos difícil de conciliar con la realidad). Los hombres gozaban de libertad para hacer lo que quisieran, mientras no dieran escándalo y mantuvieran controladas a sus esposas.
Enrique Santos Discepolo
 “Todo es igual / nada es mejor” proclama Enrique Santos Discépolo en Cambalache. Por debajo del discurso oficial, la corrupción aceitaba discretamente el funcionamiento del Estado. Desde el siglo XIX, las más altas autoridades del país habían sido acusadas de recibir regalos de poderosos que acudían a la maquinaria del Estado para enriquecerse. Sarmiento, después de pasar por la Presidencia de la República, había denunciado a Mitre. Julio Argentino Roca fue acusado de favorecer a sus amigos personales durante la distribución de enormes parcelas del territorio despojado a los indígenas, durante la llamada Expedición al Desierto.
La corrupción del régimen de Hipólito Yrigoyen fue esgrimida por los militares que lo derrocaron, como justificación de su desobediencia.  Luego, las acusaciones no pudieron ser probadas, pero mientras tanto el gobierno legítimo había sido derrotado y el derrocado Presidente había muerto en 1933.
Juan Duarte
En el primer gobierno de Juan Domingo Perón, su cuñado Juan Duarte fue sospechado de amasar una fortuna traficando influencias y apareció extrañamente muerto poco después del fin de su hermana.
Niños Cantores
En 1942, los sorteos de la Lotería Nacional fueron acusados de fraudulentos. Los boy scouts a quienes la tradición argentina denominaba Niños Cantores, eran los encargados de leer los premios, y se complotaron para introducir una bolita de madera idéntica en aspecto a las demás, pero de distinto peso, que les permitió ganar un premio de $ 300.000. No eran los únicos beneficiarios del timo (había otros, funcionarios públicos, incluyendo a jueces y ex ministros) por lo que cabía sospechar la existencia de un arreglo mayor, a pesar de lo cual solo los jóvenes fueron condenados a unos pocos años de prisión. La imagen de inocencia de los boy scouts había quedado manchada por un buen tiempo.

La coima es el aceite lustral con que cuanto bicho inspector y subinspector que vagabundea por ahí, lubrica sus articulaciones y engorda su estómago; la coima es la madre de muchos bienestares, el alma de numerosas prosperidades, el ángel tutelar de los que venden aserrín por harina, achicoria por café, pan quemado por chocolate, mármol molido por azúcar; la coima es la diosa protectora de todos los tahúres que pululan en nuestra tierra, de todos los comisarios que entran flacos y salen gordos, de todos los magistrados que se taponan los oídos para no escuchar los alaridos de la Justicia. (…) Donde se clave la visa, allí está, invisible, segura, efectiva, certera. (Roberto Arlt: Su Majestad, la coima)

miércoles, 15 de febrero de 2017

De ayer a hoy (II): Tapar el sol con un dedo y reinventar la realidad



En mi línea de trabajo, tienes que seguir repitiendo las cosas una vez y otra, para que la verdad penetre, en una especie de catapulta de propaganda. (George W. Busch)

Fanny Navarro en anuncio de jabón Lux
Siempre resulta infructuoso, de acuerdo a la sabiduría popular el proyecto de tapar el sol con un dedo. Quienes lo intentan van a fracasar más temprano que tarde, pero entretanto no encuentran nada mejor para defender sus puntos de vista y eso les asegura no pocas ventajas a corto plazo, que es todo lo que suele importarles. Afirmar, como la publicidad de mediados del siglo XX, que nueve de cada diez estrellas de cine usaban el jabón Lux, era indemostrable, pero también era imposible de rebatir. ¿Dónde estaban las evidencias en un sentido u otro? Lo mismo podía decirse de “Mejor mejora Mejoral” o “Coca-Cola refresca mejor”. Después de repetirse (inalterados) en la prensa gráfica y la radio, estos slogans eran aceptados como ciertos o al menos desalentaban cualquier intento de discutirlos, porque no se los modificaría. La publicidad no estaba sola en esa tentativa de reinventar la realidad para utilizarla en su beneficio.
Botón Eisenshower
El discurso político intentaba lo mismo a mediados del siglo XX. El lingüista Roman Jakobson analizó en los EEUU de entonces, la eficacia del slogan creado para la campaña presidencial de 1952 de Dwight Eisenhower (I like Ike) basado no tanto en la aprobación que pudiera suscitar el historial del candidato, como en la triple repetición (aliteración, de acuerdo a la Retórica) del fonema /ai/. Se trata de un mecanismo carente de contenido, que sin embargo permite memorizar el nombre y crear una ilusoria sensación de familiaridad con el personaje: si se lo puede llamar por el apodo, si la propuesta se canta en un jingle de la televisión, ¿cómo evitar percibir a Eisenhower como alguien cercano, confiable, digno de ser votado?
Afiche nacionalización FFCC
Raúl Apold, Subsecretario de Informaciones y Prensa de los dos primeros gobiernos peronistas, acuñó el slogan “Perón cumple, Evita dignifica”, reproducido incansablemente durante una década, que no puede ser evaluado como una falacia, porque se trata más bien de un paralelismo retórico, donde se sugiere la complementación ideal, carente de conflictos y sin embargo jerarquizada, no redundante, entre dos personajes y dos competencias distintas. Lo novedoso para la época, es que la mujer fuera incluida a la par del marido. No estaba al margen del hombre público, pero tampoco tenía prioridad sobre él.
La brevedad del enunciado dejaba librada al receptor la responsabilidad de aplicarlo a la realidad (¿qué promesas cumpliría Perón, qué situaciones oprobiosas dignificaría Evita?) sin comprometer la credibilidad del emisor, que implícitamente reclamaba la aceptación de su discurso. No hace falta incluir a nadie más, ajeno a la pareja, alguien que posteriormente pudiera adquirir demasiada relevancia propia (y estorbar) o convertirse en un traidor. Otros slogans atribuidos a Apold fueron: “En la Nueva Argentina los únicos privilegiados son los niños”, “Evita, la abanderada de los humildes” e incluso la frase que todas las radios repetían diariamente: “20:25, hora en que Eva Perón pasó a la inmortalidad” (cuando en la realidad había ocurrido a las 20:23, un dato que se juzgó más difícil de recordar).
Héctor J.Cartier: Retrato de Eva Perón
Apold lograba destacar los datos que favorecían al régimen que servía y ocultar aquellos que podían desgastarlo. Él retiró en 1948 todas las fotos de Eva Duarte previas a su encuentro con Perón (donde aparecía con otro color de pelo, otros peinados y vestuario) para dejar en pie la imagen resplandeciente, perfecta, vestida por Christian Dior y retratada por mi maestro, Héctor Cartier, el ícono que iba a recibir la posteridad. Apold concibió la idea de organizar la Fundación Eva Perón y su imponente actividad benéfica. En 1952, él fue encargado de informar a los medios sobre una ilusoria mejoría de salud de Eva Perón, y luego quien organizó su funeral espectacular, filmado en Technicolor por un equipo de la 20th Century Fox contratado en los EEUU.
La televisión no había desarrollado aún el formidable acompañamiento persuasivo de la audiencia nacional que adquirió más tarde, pero el cine ofrecía desde sus inicios simulacros de la realidad altamente verosímiles, que solicitaban ser aceptados sin cuestionamientos. Barrio Gris, la película de Mario Soffici, comenzaba estableciendo un paralelo entre la feliz Nueva Argentina del presente, donde los niños jugaban en plazas construidas para ellos, y el país del cohecho y la miseria que había sido superado definitivamente. Las aguas bajan turbias, de Hugo del Carril, producida a pesar de la oposición de Apold al autor de la novela, encarcelado por comunista, se ambientaba en un pasado de explotación e injusticia, en las plantaciones de yerba mate del norte del país, con una pareja protagónica que en el final escapaba en una balsa de la masacre, no solo hacia el sur, sino hacia el futuro de Justicia Social prometido por el peronismo.
El régimen ejerció un enorme presión sobre la industria cinematográfica, a la que concedía o negaba los permisos para importar película virgen, mientras le aseguraba exhibición obligatoria en las salas o le imponía las listas de negras de artistas nacionales como Ulyses Petit de Murat, Libertad Lamarque, Francisco Petrone, Delia Garcés, Arturo García Buhr o Niní Marshall, a quienes por distintos motivo se les negaba la posibilidad de trabajar en el país y se vieron obligados a emigrar (tal como le sucedió treinta años más tarde Norma Aleandro, Nacha Guevara, Héctor Alterio, Mercedes Sosa, Antonio Berni y otros integrantes de las listas negras de los militares).
La industria del cine no se rebelaba contra estas presiones, pero tampoco dejaba satisfecho al régimen peronista. Los melodramas y las comedias costumbristas no denunciaban los conflictos de la sociedad y soslayaban la propaganda política. Las notas del noticiario Sucesos Argentinos podían ser esquemáticas y breves, pero esas limitaciones inocultables les permitían respetar las directivas oficiales y llegar todas las semanas a la audiencia. La recepción que se daba a los noticieros en la oscuridad de las salas de cine era otra cosa. El abucheo de algunos espectadores, se combinaba con los aplausos de otros, cuando la pantalla mostraba a las figuras destacadas del gobierno, sonriendo en sempiternas inauguraciones, mientras los acomodadores intentaban calmar el desorden con el haz de luz de sus linternas. La brecha ideológica de la que tanto se habló medios siglo después. ya se estaba manifestando de manera inequívoca.
Libro de lectura de enseñanza primaria (años `40)
Los medios audiovisuales otorgan una ilusión de inmediatez y familiaridad, que facilita el aislamiento de los receptores, para volverlos dependientes de unos pocos emisores distantes e inalcanzables. ¡Cuántas evidencias (y qué amenazantes) se han acumulado sobre esos mecanismos de manipulación en la cultura de la modernidad! Las tendencias al control de la mente de los individuos que estaban perfectamente definidas hace un siglo, no se han debilitado en la actualidad. Más bien ha ocurrido lo contrario, porque los medios que se disponen hoy para seducir a millones de personas que no se oponen a ser seducidas, son cada vez más eficaces.
Prisioneros de campo de concentración nazi
Para los fanáticos del nazismo, el Holocausto de la Segunda Guerra Mundial habría sido una invención de los judíos para descreditar a los alemanes. Hay quienes se encuentran convencidos hasta la fecha de que el hombre nunca llegó a la Luna y todo lo que presenciaron en directo millones de telespectadores en 1969, no pasó de ser un filme de efectos especiales elaborado en un estudios de Hollywood. Hay quienes se encuentran convencidos de que un OVNI aterrizó en 1947 en Roswell, y hasta la fecha el Pentágono ha insistido en ocultarlo, quién sabe por qué.
Hay quienes sostienen que Carlos Gardel no murió en Medellín, que Adolf Hitler huyó con Eva Braun hacia Sudamérica, mientras el mundo lo creía suicidado e incinerado en Berlin; que Elvis Presley adoptó el nombre de John Burrows y escapó hacia Buenos Aires cuando se difundía la noticia de su muerte; que Michael Jackson asistió a su propio funeral disfrazado de mujer. Las muertes de Marilyn Monroe y Diana de Gales, no serían un suicidio y un accidente respectivamente, sino crímenes encubiertos por los servicios secretos. Discutir con los sostenedores de esas ideas no vale la pena, porque ellos tienen preparadas las respuestas para todas las evidencias que se opongan a sus hipótesis y contemplan hasta con lástima a los incrédulos que no comparten su precioso conocimiento.

Los jefes totalitarios de masas basaron su propaganda en la correcta suposición psicológica de que (…) uno podía hacer creer a la gente las más fantásticas declaraciones y confiar en que, si al día siguiente recibía prueba irrefutable de su falsedad, esa misma gente se refugiaría en el cinismo. En lugar de abandonar a los líderes que le habían mentido, aseguraría que siempre había creído que tal declaración era una mentira y admiraría a los líderes por su superior habilidad táctica. (Hannah Arendt: Los orígenes del totalitarismo)

jueves, 2 de junio de 2016

Propaganda, rumores y sacar el cuero (I)


Durante el siglo XX se desarrollaron medios de comunicación tan poderosos como el cine, la radio y la televisión, que permitían masificar la difusión de informaciones, logrando que enormes sectores de la población quedaran expuestos a esos datos simultáneamente, sin exponerse a la distorsión que introducen los intermediarios. Si alguien lograba el acceso al medio, podía utilizarlos para decir lo que quisiera, sin quedar demasiado expuesto a la respuesta de los destinatarios.
La publicidad de empresas y servicios encontró en los medios un vehículo dispuesto a acogerla sin restricciones. A partir de los años `30, la propaganda política no tardó en utilizar el poder de los medios para lograr sus objetivos de control social.

La propaganda, cuidadosamente coordinada con los ejércitos, puede contribuir en forma devastadora a la caída de Hitler (…). Los puntos débiles en la armadura enemiga (…) solo pueden ser alcanzados por los tiros de la propaganda hábilmente dirigidos. La más peligrosa y efectiva de esta propaganda ofensiva, es el RUMOR INSPIRADO. El rumor difundido con el objeto de confundir al enemigo, puede valer por muchas divisiones y muchos escuadrones aéreos. (Ronald Turnbull)

Himmel y su hija Gundrun
Los nazis no fueron los primeros en utilizar las informaciones falsas, imposibles de confirmar. Los adversarios de los alemanes, durante la Primera Guerra Mundial, habían propagado el rumor de que en Alemania se utilizaba grasa humana (de judíos) para fabricar jabones. Era una idea horrible, que alentaba a derrotar a una nación tan cruel. Durante la Segunda Guerra Mundial, ese proyecto imaginario se convirtió en realidad, gracias a la visión delirante de los antisemitas, pero esto sucedió en pequeña escala, y fue suspendido por los mismos jerarcas nazis, cuando advirtieron que sus repercusiones eran incontrolables para ellos. Si iban a exterminar judíos, aprovecharían el pelo como relleno de sillones y colchones, pero lo harían discretamente, para no escandalizar.
Los mitos, encarados por el gobierno de Gran Bretaña de comienzos de los años `40 como una herramienta bélica de primer orden, debían infundir en ciertos casos un optimismo excesivo a los ciudadanos ingleses y en otros desmoralizar a los adversarios, haciéndoles creer que eran superiores a los alemanes, o por lo contrario, que los alemanes eran invencibles.  En tal caso, ¿por qué prepararse para la confrontación o por qué resistirse? Un medio tan reciente y eficaz para difundir ideas como era entonces la radio, o uno tradicional y bastante más lento, como el comentario boca a boca, fueron sistemáticamente utilizados por los países en conflicto, a partir de los años ´30.
Se dijo, por ejemplo, que las defensas de la Línea Maginot que marcaban la frontera entre Francia y Alemania, podían considerarse inexpugnables, o que los cada vez más numerosos tanques alemanes eran de madera. Todo esto era falso, pero mientras tanto, los desinformados que lo aceptaban y lo difundían entre sus parientes y amigos, habían comenzado a perder la guerra.

Tu enemigo es muchos menos proclive a hacer lo que tú quieres que haga, si ve que tú quieres que lo haga. (…) Tu enemigo es mucho menos proclive a hacer lo que quieres que haga, si ve que eres tú quien quiere que lo haga. (…) Atribuye lo que dices a la autoridad más alta que puedas encontrar. (…) Saca de las noticas que hagas toda apariencia de propaganda, porque la propaganda no debe parecer propaganda. (…) El mejor propagandista para nosotros es el enemigo mismo. (A.R. Walmsley; Propaganda to the Enemy)

Tita Merello
A mediados del siglo XX en Argentina, durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón, el rumor aseguraba que la actriz Tita Merello, declarada partidaria del régimen, había sido favorecida con un permiso para importar té, un producto que todavía no se cultivaba en el país y por entonces escaseaba. De otra actriz, Fanny Navarro, a quien se sabía relacionada sentimentalmente con Juan Duarte y desde varios años antes amiga íntima de Eva Duarte, se decían cosas peores, que después de la llamada Revolución Libertadora de 1954, decidieron su prematuro (también injusto) retiro de la actividad profesional.
Eva Duarte y Libertad Lamarque
Probablemente eran historias inventadas, o al menos, adoptadas sin objeciones por la oposición antiperonista, una circunstancia que a diferencia de lo que pasa hoy, no llegaban a ser mencionadas por los medios masivos. Circulaban eficazmente, de acuerdo al circuito tradicional del rumor boca a boca. Tal vez tardara en llegar al último rincón del país, pero el sistema de circulación lo volvía altamente creíble. Eso mismo había pasado con la anécdota de la bofetada que la conocida actriz y cantante Libertad Lamarque le habría dado a Eva Duarte durante la filmación de La Cabalgata del Circo, cuando la más joven y menos famosa acababa de conocer al coronel Juan Domingo Perón, una situación que la destinaba a encumbrarse como una figura política fundamental de la Historia Argentina.
Eva Perón y enfermeras
Algo tenía que haber pasado entre las dos mujeres, algo que al mismo tiempo fuera capaz de explicar el exilio en México de Lamarque y confirmaba el carácter despótico y rencoroso atribuido a una mujer que de ningún modo ocultaba haber sufrido humillaciones inaceptables desde la infancia. Ella iba a ser descripta poco después por Mary Main, en un libro que no circulaba públicamente, como “la mujer del látigo”, que controlaba al país desde un cargo no electivo. Pocos años más tarde, cuando Eva Perón estaba agonizando, circuló el rumor de que los niños de clase media, provenientes del Barrio Norte de Buenos Aires, eran sometidos a involuntarias donaciones de sangre, con el objeto de mantener con vida a la moribunda.
Marie Langer
La sicoanalista Marie Langer analizó este mito y otro no menos atroz, que no sé si antes o después había circulado, sobre la cena servida a una pareja de la alta burguesía por una empleada doméstica, que en una bella fuente de plata descubrían el cuerpo asado de su hijo de pocos años. La lectura de esta escena era múltiple. Por un lado, evocaba los cuentos del Medioevo sobre judíos que comían niños (cristianos) asados, para celebrar impíamente la Pascua, con lo que se justificaba cualquier respuesta antisemita, desde la discriminación verbal cotidiana, al más sangriento pogrom.


En el término de una semana me llegaron nueve versiones, sólo en sus detalles distintas, fue aceptado como verídico por personas generalmente capaces de un juicio crítico. Esto comprueba que el rumor corresponde, aunque en forma muy disfrazada y elaborada, a una situación interior reprimida y a angustias infantiles persistentes en la gran mayoría de las personas. (Marie Langer: “El mito del niño asado y otros mitos sobre Eva Perón”)


Manifestación peronista
El mito expresaba también el temor de entonces ante el resentimiento de los pobres (los “cabecitas negras” celebrados por Eva Perón) que habían emigrado del campo a la ciudad, en busca de mejores condiciones de vida, eran envalentonados por la prédica del peronismo y no solo exigían justas reivindicaciones, sino venganza contra aquellos que los habían explotado desde que tenían memoria. Viejos prejuicios adquirían gracias al rumor, un poder de convicción que no requería de mayores pruebas para ser aceptado como algo cierto.

El desprecio por el cabecita negra, su rechazo por parte de la pequeña burguesía liberal y democrática, muestra hasta qué extremo el prejuicio impregna nuestras racionalizaciones. (…) El pequeño burgués transfiere sus propias carencias al cabecita negra: el otro es el indolente, el ignorante, el poca cosa, el advenedizo. (Pedro Orgambide: El racismo en Argentina)

Juan Domingo Perón y Eva Perón regalando bicicletas
En San Pedro se inauguraron hacia fines de los `40 juegos infantiles en alguna plaza que no recuerdo, con el patrocinio de la Fundación Eva Perón, como solían advertir los llamativos carteles, pero las madres nos advertían que en ningún caso los utilizáramos, porque podíamos sufrir consecuencias horribles. Una de las historias que circularon y causaban explicable espanto, fue que en un tobogán alguien (probablemente un opositor, pero podía ser también un desequilibrado partidario del régimen, que se suponía animado por las peores intenciones) había dispuesto una hoja de afeitar, con el propósito de dañar a los niños que se aventuraran en ese espacio que se anunciaba como un oasis en medio de la indiferencia urbana hacia los niños.
Nada de eso llegaba a ser mencionado por los medios de la época (a diferencia de lo que pasa hoy con las circunstancias menos amables de la vida de personajes célebres) por lo que el rumor encontraba un terreno propicio para difundirse y aumentar su credibilidad. Después de junio de 1954, las historias de orgías en la Quinta Presidencial de Olivos combinaban la novedad de las motonetas italianas, el auge de bellas adolescentes en el mundo del espectáculo y el desenfreno sexual que se atribuía a los altos funcionarios. ¿Cómo rehusarse a oír esos rumores que no hubieran podido ser mencionados por la prensa? ¿Cómo dejar de reproducirlos entre los más cercanos, aunque fuera para reírse de ellos (solo que después de haberlos hecho circular)?
Desde el formidable aparato propagandístico organizado por Raúl Apold, que controlaba la radio, la prensa gráfica, el cine y la televisión ¿cómo desacreditar esos mensajes? El poder del rumor fue utilizado con habilidad desigual por los antiperonistas y también por los peronistas, como parte de la lucha ideológica que dividía al país de entonces. Perón se creyó obligado a mencionar el tema en uno de sus discursos, después del golpe militar abortado:
Perón paseando en motocicleta

Lo justo es esperar que la elección y que la mayoría del pueblo sea la que decida, y no decidir por la violencia, ni por los panfletos, ni por las calumnias que se hacen correr con móviles inconfesables. (…) En los últimos tiempos, los insensatos que no han querido esperar las elecciones y han comenzado a lanzar rumores, panfletos y toda suerte de inconvenientes para la paz y para el orden de la Nación, los acusamos realmente de no saber cumplir con su deber de argentinos. (Juan Domingo Perón)