sábado, 11 de marzo de 2017

Orgullos y Vergüenzas nacionales (I): Imágenes oficiales


 
¡Gallego! ¡Sarraceno! ¡Maturrango! En cada calificativo, el rebelde de 1810, el hijo del país, el criollo, volcaba un odio contenido, latente durante varios siglos de sometimiento. Emergía así, como en cada momento de crisis de la historia, como en toda mutación política, con sus fuerte carga irracional, generadora de prejuicios. (Pedro Orgambide: El racismo en Argentina)

Domingo Faustino Sarmiento
Después de haberse producido la independencia de España, el país que surgió de las ruinas del antiguo Virreinato del Río de la Plata necesitó superar varias décadas de anarquía, para estabilizarse en lo que finalmente se llamó República Argentina. La identidad nacional no podía terminar de definirse mientras continuaran las luchas internas, y lo que emergió tampoco estaba libre de contradicciones. Las provincias se enfrentaban unas a otras, en conflictos sangrientos que favorecían la conservación de los liderazgos locales y alimentaban desconfianzas mutuas.
La fórmula Civilización o Barbarie elaborada por Sarmiento, resumía de manera ambigua las contradicciones mentales del país. ¿Quién aceptaba identificarse con un sector u otro? Se entiende que la Historia Oficial argentina, obra colectiva pero no coordinada de Bartolomé Mitre, Vicente Fidel López y Alfredo Grosso entre otros, definiera a los héroes de comienzos del siglo XIX, como los modelos insuperables de comportamiento cívico que debían admirar las nuevas generaciones.
Ellos quedaron consagrados como los Padres de la Patria, bastante lejanos en el tiempo y solo percibidos a través de la visión mítica elaborada por unos pocos autore provenientes del mismo sector de la sociedad y adoptada por los textos de las escuelas públicas, sin que mediara el menor análisis respecto de su validez. San Martín era el Padre de la Patria, Belgrano el Creador de la Bandera, Sarmiento el Padre del Aula, etc. Nadie en el mundo contemporáneo podía estar a la altura de ellos, y hubiera sido un sacrilegio cualquier intento de moverlos un milímetro de sus pedestales.
Mariquita Sánchez de Thompson
Las figuras admiradas del género femenino eran bastante menos que las masculinas y sin duda resultaban monótonas.  Eran madres sacrificadas, de acuerdo al paradigma de Gregoria Matorras o Paula Albarracín. Todo su mérito derivaba de haber parido a hombres que a continuación, por sus propios méritos, se volvieron célebres. Cuando esas mujeres no estaban directamente sometidas a algún hombre, como era el caso de Mariquita Sánchez de Thompson, resultaba difícil entender qué podía haber de notable en ellas, porque se las presentaba como simples anfitrionas o testigos casuales de las hazañas masculinas.
De las mujeres combativas de la región durante el siglo XIX, como Juana Azurduy o Manuela Pedraza, se hablaba lo menos posible, porque contrariaban la imagen de sumisión femenina que se esperaba imponer entre las jóvenes mentes de un siglo más tarde. Hubo que aguardar medio siglo más, para que las reivindicaciones feministas actualizaran esas figuras andróginas, por su vestuario y actitudes. Mujeres como la maestra y escritora Juana Manso, fundadora del primer periódico feminista del continente, no se mencionaban. Las militantes socialistas de comienzos del siglo XX, Alicia Moreau, Julieta Lanteri o Carolina Muzzelli, conocidas por sus seguidores, no formaban parte del Panteón nacional y el peronismo, que concedió el voto a la mujer, no las tomaba en cuenta.
A mediados del siglo XX, el repertorio de grandes hombres del pasado se agotaba pronto, porque resultaba imposible despojar de sus profundas contradicciones a figuras fundamentales del siglo XIX, como Monteagudo, Alberdi, Lavalle o Rosas, para volverlas aceptables en su totalidad. Sarmiento era promovido al rango de abuelo malhumorado de cuento de hadas de los escolares argentinos, y a continuación había que buscar modelos de identidad nacional en otros ámbitos, distintos de la política y el mundo militar, para evitar el aburrimiento.
Hay naciones que admiran a sus artistas o científicos, al punto de sentirse relacionados por ellos, pero ese no parecía ser el caso de los argentinos. ¿Podían ser admirados los hombres de negocios, los empresarios que habían amasado enormes fortunas, los terratenientes que poseían enormes propiedades, los políticos que habían arrastrado multitudes? Al parecer, no. La gente de la clase alta argentina prefería permanecer en la penumbra, como si no estuviera demasiado orgullosa de la posición que había alcanzado y transmitido por métodos no siempre limpios. Los políticos aspiraban a una grandeza rápida, lograban que se pusiera su nombre a plazas y calles, pero con la misma facilidad perdían la imagen que hubieran ganado a fuerza de decretos, cuando perdían el poder.
Uno de los aspectos más difíciles de aceptar del tema de la identidad nacional, era el rechazo militante de todo aquello que el discurso de algunos designaba como ajeno, falso y opuesto a lo auténtico, lo propio, que no por casualidad coincidía con las visiones más conservadoras de la sociedad. Esa identidad había que preservarla a cualquier precio (por ejemplo, el de exterminar físicamente a los enemigos, que no tenían por qué estar fuera de las fronteras). Se hablaba de un enemigo interno sin principios, con el que resultaba imposible negociar acuerdos, ni tolerar que existiera.
Semana Trágica de 1919
Los extranjeros que hacia fines del siglo XIX habían sido anunciados como la esperanza del país, que llegaban para sacarlo de su estado de barbarie, podían ser presentados durante el siglo XX, después de la Semana Trágica de 1919 y otros movimientos reivindicatorios, como una amenaza para la paz social. Ellos habían traído la agitación desde Europa, ideas que al parecer no se habían conocido en este lado del Atlántico, cuando la armonía reinaba entre el Capital y el Trabajo.
La Ley 4142 (Ley de Residencia o Ley Cané) que regulaba desde 1902 la permanencia de extranjeros en el país, podía ser utilizada en cualquier momento para mantener la identidad argentina. Como la inmigración negra o asiática era irrelevante, el énfasis de la autodefensa se centraba en algo más difícil de detectar en el momento del ingreso de inmigrantes, pero más que evidente después: la ideología. Cualquier extranjero podía ser expulsado sin juicio previo, por lo que durante medio siglo Argentina se libró de dirigentes gremiales y hasta espías nazis o comerciantes especuladores que molestaban.
Leopoldo Lugones
Leopoldo Lugones, un poeta fascinado por el fascismo, describía en 1934 una identidad desafiante y militarizada:

Ha sonado otra vez, para bien del mundo, la hora de la espada. Así como ésta hizo lo único enteramente logrado que tenemos hasta ahora, y es la independencia, hará el orden necesario, implantará la jerarquía indispensable que la democracia ha malogrado hasta hoy, fatalmente derivada, porque esa es su consecuencia natural, hacia la demagogia o el socialismo. (Leopoldo Lugones: La hora de la espada)

¿Había otros modelos de identidad menos reaccionarios? Por las dudas, tendría que buscárselos en el campo de la ciencia o la tecnología, para evitar la tentación de someterse a los demagogos.
Juan Vucetich
A mediados del siglo XX, en la escuela primaria se enseñaba que el sistema de identificación mediante huellas dactilares, que utilizaba por entonces la policía de todo el mundo, había sido una invención de Juan Vucetich, en La Plata, hacia fines del siglo XIX. Debíamos sentirnos orgullosos de una técnica que permitía resolver crímenes, era obra de un argentino como nosotros (a pesar de que Vucetich había llegado de Croacia, pero eso no era un obstáculo para que nosotros, los estudiantes de una escuela pública, hijos de inmigrantes de media docena de países y vecinos del mismo barrio de San Pedro, nos identificáramos con él). Si él había llegado de tan lejos, para efectuar un aporte reconocido a la cultura internacional, ¿por qué no habríamos de hacer algo similar en nuestros tiempos? ¿Cómo podía desconfiarse de los extranjeros, si ellos nos daban tanto a nosotros, los nativos?
Florentino Ameghino
Florentino Ameghino era presentado escuetamente por los libros de lectura de la escuela primaria. Costaba entender qué había en él que fuera digno de admiración. Coleccionar huesos viejísimos, de animales que uno no había tenido la oportunidad de encontrar, no parecía ninguna hazaña. Resultaba inexplicable, simplemente. Si no se había visitado el Museo Paleontológico de La Plata, ni siquiera se lograba imaginar el tamaño de un gliptodonte. ¿cómo visualizar la actividad de un hombre que había pasado la mitad de su vida recorriendo la pampa con una pala y un balde, para completar la otra mitad escribiendo sobre sus hallazgos de fósiles, como algo que debía permitirnos comprender mejor la historia del suelo que pisábamos?
Carlos Saavedra Lamas
Los premios Nobel podían ser un buen indicador para establecer modelos de personajes admirables, que hubieran debido enorgullecer a todos sus compatriotas. El Nobel de la Paz atribuido a Carlos Saavedra Lamas en 1936, estaba ligado a circunstancia políticas sin duda notables (la condena de la Liga de las Naciones a la invasión de Italia a Trípoli y las negociaciones para poner fin de la Guerra del Chaco, que enfrentó durante tres años a Paraguay y Bolivia) un logro que sin embargo, apenas una década más tarde, nadie recordaba.

Nos circunda un mundo inquieto y agitado. Densas nubes hay en sus horizontes. Se cruzan a veces relámpagos. Vendrá, quizás, una gran tempestad, pero esta tempestad nos encuentra unidos, dispuestos a nobles consultas, a intercambios de ideas para resguardar a nuestro continente de repercusiones que no podemos admitir. (Carlos Saavedra Lamas)

Bernardo Houssay
El Premio Nobel de Fisiología y Medicina otorgado a Bernardo Houssay en 1947, hubiera debido recibir un reconocimiento oficial, en una época de exaltación de los valores nacionales, como proclamaba el primer gobierno peronista, pero nada de eso ocurrió. Ninguna autoridad lo recibió a su regreso de Suecia. Se afirma que Raúl Apold, el todopoderoso Secretario de Prensa de la Presidencia habría prohibido a los medios mencionar la llegada. En 1943, Houssay fue expulsado del Instituto de Fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, fundado por él, en represalia por criticar la neutralidad de Argentina ante la Segunda Guerra Mundial (que evitaba condenar al régimen nazi).

No es de extrañar que nuestra cultura científica sea aún deficiente, ya que un país alcanza primero a tener una literatura, luego comienza a aparecer la especulación filosófica y se desarrollan las artes, pero es solo al fin, por una gestación lenta y muy laboriosa, que llegan a cultivarse las ciencias. (Bernardo Houssay)

René Favaloro
Si René Favaloro no había sido distinguido con otro Premio Nobel, la invención del bypass coronario lo situó en un lugar privilegiado y contradictorio. Por un lado era una celebridad nacional, por el otro se le retaceaban desde el Estado los fondos que le hubieran permitido seguir ejerciendo su profesión. El suicidio del científico en el 2000 reveló esa fragilidad fundamental que parece caracterizar a la identidad nacional. ¿Dónde están los modelos inalterables, respetados, que reclama el afianzamiento de una identidad colectiva?

Estoy pasando uno de los momentos más difíciles de mi vida, la Fundación tiene graves problemas financieros. En este último tiempo me he transformado en un mendigo. Mi tarea es llamar, llamar y golpear puertas para recaudar algún dinero que nos permita seguir. (René Favaloro: carta de despedida)

viernes, 24 de febrero de 2017

De ayer a hoy (III): Nostalgias y rémoras del discurso totalitario


José Félix Uriburu
Después de casi ochenta años de continuidad institucional cuestionable en cuanto a su representatividad, a partir de la caída de Hipólito Yrigoyen, en 1930, la Historia Argentina brinda una sucesión abrumadora de regímenes militares que en cada oportunidad se presentaron ante la opinión pública como Salvadores de la Patria (una Patria que desde mucho antes consideraban suya y no estaban dispuestos a compartir con advenedizos). Rara vez desoyeron ese compromiso. La sociedad civil los habría convocado para defender los intereses de los sectores más tradicionales, aunque para ello debieran realizar un trabajo bastante sucio: trampear la voluntad de las mayorías y en caso de necesidad, exterminar a quienes se les cruzaran en el camino.
Sello postal conmorativo

 
Exponentes de orden y educados en el respeto a las leyes y de las instituciones, hemos asistido atónitos al proceso de desquiciamiento que ha sufrido el país en los últimos años. (…) La inercia y la corrupción administrativa, la ausencia de justicia, la anarquía universitaria, la improvisación y el despilfarro en materia económica y financiera (…) son apenas un pálido reflejo de lo que ha tenido que soportar el país. Al apelar a la fuerza para liberar a la Nación de este régimen ominoso, lo hacemos inspirados en un alto ideal. Los hechos, por otra parte, demostrarán que no nos guía otro propósito que el bien de la Nación. (Teniente General Uriburu: Manifiesto de la Junta Provisional)

El nuevo orden propuesto por Uriburu, requería derogar la Constitución de 1853 y eliminar partidos políticos como el Radicalismo y el Socialismo, que se consideraban corruptos, para organizar un sistema corporativo, inspirado en lo que estaba haciendo el fascismo en Italia. En el nuevo esquema tendrían representación los grandes empresarios, los sindicatos dispuestos a reconciliarse con el capital, y finalmente la Iglesia Católica. Para conseguirlo habría que arrestar y encarcelar a los partidarios de Yrigoyen, deportar a los sindicalistas no nacido en país, convocar elecciones provinciales, que al ser ganadas por la oposición fueron declaradas nulas por el régimen de facto, etc. El voto universal y secreto, de acuerdo a Uriburu, era el causante directo del desorden que el país había padecido.
La Retórica del peronismo, un movimiento político nacido tras la Segunda Guerra Mundial, en un contexto internacional que no tardaría en definirse como la Guerra Fría que enfrentó a los EEUU y la URSS, debía mucho a la tradición populista europea de los años `30. Con una precisión nada irrelevante: aquello que en los `30 estaba bien visto en países como Francia o Gran Bretaña, y era interpretado como una muestra de entusiasmo colectivo de la clase obrera que había logrado mejoras en sus condiciones de vida, gracias a su capacidad para organizarse, a mediados de los `40, durante la resaca del nazismo y el fascismo, en medio de la denuncia de los abusos del estalinismo, podía entenderse como una evidencia corporativa, demagógica y antidemocrática.
Desfile de enfermeras, 1950
Ahí estaba, por ejemplo, la celebración del Primero de Mayo, establecida en 1930 por Hipólito Yrigoyen, que se convirtió en uno de los actos centrales del calendario peronista. En ella participaban trabajadores, estudiantes, fuerzas vivas… que recordaba demasiado a los desfiles de la Plaza Roja del Kremlin o (lo que todavía resultaba más incómodo) las concentraciones multitudinarias de Mussolini o Hitler. Aunque la Tercera Posición aseguraba que la Argentina no se alineaba con el capitalismo ni con el comunismo, la letra del himno que entonaba Hugo del Carril, describía un país laborioso, disciplinado, patriótico, entregado a las tareas enunciadas en los Planes Quinquenales por el único Líder aceptado por el discurso oficial.

Hoy es la Fiesta del Trabajo / unidos por el amor a Dios / al pie de la bandera sacrosanta / juremos defenderla con honor. / Que es nuestro pabellón azul y blanco / sublime expresión de nuestro amor. / Por él, por nuestros padres, por los hijos, / por el hogar que es nuestra tradición. (Cátulo Castillo y Oscar Ivanissevich: Canto al Trabajo)

"Revolución Libertadora", 1955
Una década más tarde, la llamada Revolución Libertadora de 1955 llegaba para interrumpir mediante un nuevo levantamiento militar, el segundo gobierno constitucional del peronismo. Cuando se consideran los hechos, resulta evidente que el eslogan “Ni vencedores, ni vencidos” podía ser atractivo, pero no llegó a convertirse nunca en realidad. La nueva generación de Salvadores de la Patria, no solo expuso la corrupción del régimen depuesto, sin darle la oportunidad de defenderse a sus personeros, sino que se les privó del derecho de participar durante años en la contienda política, se encarceló a opositores y se aplicó la Ley Marcial, fusilando a los compañeros de armas que se habían rebelado contra un régimen de facto. En las escuelas, mientras tanto, se cantaba una descripción idílica de una gesta heroica, que costaba reconciliar con la realidad.

En lo alto la mirada / luchemos por la patria redimida. / El arma sobre el brazo / la voz de la esperanza amanecida. / Que el sol sobre tu frente / alumbre tu coraje, camarada. (…) Y si la muerte quiebra tu vida / al frío de la madrugada / perdurará tu nombre / entre los héroes de la patria amada. (Manuel Rodríguez Ocampo: Marcha de la Libertad)

Libro de lectura de comienzos años `50
Es la visión de un país paralelo al país real, que se muestra solidario para quienes participan en él, pero también inflexible, uniformado tanto en los gestos y vestuario como mentalmente, en el que no parece haber sitio para las desagradables contradicciones que caracterizan a los civiles. La nostalgia por la subordinación, el fantasma del caos social que no tardaría en desencadenarse, reaparecen en la Historia Argentina del siglo XX, durante las después de todo breves etapas en que se respetan las instancias democráticas. Los valores más respetados podrían perderse (o ya se dan por perdidos) con lo que se justifica recurrir a la fuerza para detener ese proceso.
En el curso de los años `60, pero también diez años más tarde y de nuevo hasta no hace mucho, en los muros de las ciudades argentinas aparecían pegados carteles anónimos, que luego fueron convertidos en anuncios que televisión, que preguntaban a los padres algo difícil de responder, entonces y ahora: ¿Sabe usted dónde están sus hijos en este momento? Hoy se piensa en el peligro de las drogas. Aunque los mensajes no estuvieran firmados, se sospechaba de los Servicios de Inteligencia del Estado, menos preocupados por la desintegración de las familias que por la Geopolítica de la Guerra Fría. En los `60, se pensaba en la radicalización ideológica de los jóvenes, que no solo adoptaban modas desconcertantes, como las barbas y los cabellos largos, sino la alternativa de incorporarse a la lucha armada contra las instituciones.
Eran años en los que se creía fácil duplicar el éxito de los insurgentes cubanos, que habían derrocado la dictadura de Fulgencio Batista, y una vez instalados en el poder, desafiaban a sus vecinos capitalistas, apenas a 90 millas de distancia. Era un desafío mítico, que en poco tiempo hubiera debido replicarse por todas partes. Rara vez se ha asistido a una epidemia de optimismo político como esa. La retórica revolucionaria prendió tanto en aquellos que se veían a sí mismos como héroes no inferiores a los de la Independencia, como en aquellos que habían sido entrenados profesional e ideológicamente, para impedir que nada parecido prosperara.
Represión militar años `70
Los cursos de perfeccionamiento de la Escuela de las Américas de Panamá, donde estudiaron Manuel Contreras (Chile), Roberto Eduardo Viola y Leopoldo Fortunato Galtieri (Argentina), Hugo Banzer (Bolivia), Vladimiro Montesinos (Perú) o Manuel Antonio Noriega (Panamá) entre otros uniformados, dejaron una larga secuela de represión en todo el continente. En 1976, los propulsores de un nuevo golpe militar  en Argentina, declaraban que nada había sido más doloroso para ellos, que quebrar la continuidad del régimen constitucional. Si lo hacían, afirmaban, era porque se veían forzados por circunstancias sobre las cuales no tenían la menor responsabilidad. Por lo tanto, iban a sacrificarse en nombre de principios que estaban fuera de toda discusión. Planteaban casi las mismas ideas de 1930, utilizando un vocabulario y una sintaxis similares:

Agotadas todas las instancias de mecanismo constitucionales, superada la posibilidad de rectificaciones dentro del marco de las instituciones y demostrada en forma irrefutable la imposibilidad de la recuperación del proceso por vías naturales, llega a su término una situación que agravia a la Nación y compromete su futuro. (…) Las Fuerzas Armadas, en cumplimiento de una obligación irrenunciable, han asumido la conducción del Estado. Una obligación que surge de serenas meditaciones sobre las consecuencias irreparables que podía tener sobre el destino de la Nación una actitud distinta a la adoptada. (Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera, Orlando Ramón Agosti: Programa del 24 de marzo de 1976)

Manifestación de Abuelas de Plaza de Mayo, 1980
Los salvadores de la Patria podían ser civiles ultraconservadores y militares retirados, que se identificaban como nacionalistas católicos (y preconciliares). Ellos publicaban revistas que les permitían alentar las convicciones de sus seguidores. En 1983, a pocas semanas de instalado un gobierno democrático en Argentina, tras años de una dictadura militar ominosa, los sectores desplazados por la voluntad popular necesitaban elaborar la imagen de una nación amenazada por la modernidad (y el mundo civil que los había derrotado en las urnas) como si confiaran en tapar indefinidamente el sol con un dedo.

[El Presidente] Alfonsín está a medio camino entre el izquierdista rabioso, que sospecha que algo hay que cambiar, y el izquierdista europeo, que sabe que entre Estados Unidos y Rusia y algunos elementos posconciliares se está edificando una nueva legitimidad, esa de los derechos humanos, de la permisividad, del destape y del pluralismo. Alfonsín, que reúne en su lo peor de nuestra historia, nos traerá la civilización (…) que quiere decir modernización, esto es: desacralización y desorden. (Editorial de Cabildo: Los “rebusques” de la izquierda criolla)

George Orwell: Rebelión la Granja
Debo haber leído Rebelión en la Granja, la sátira de George Orwell por primera vez durante la adolescencia, desconcertado por la apariencia pueril, de fábula ilustrada que presentaba el texto, como si estuviera destinado a lectores infantiles, una situación que sin embargo me obligaba a investigar complejos referentes históricos recientes que yo desconocía (por ejemplo, las luchas por el poder en la Unión Soviética desde los años `20) y me ofrecía un modelo perturbador para entender la maquinaria propagandística del peronismo de entonces (algo que Orwell no podía sospechar que ocurriera tan lejos, al mismo tiempo que él escribía).

El resultado de predicar doctrinas totalitarias es debilitar el instinto por medio del cual los pueblos libres saben lo que es o no es peligroso. (George Orwell: Rebelón en la Granja)

Guerra de las Malvinas: Portada de Gente, 1982
La capacidad colectiva para detectar las tendencias totalitarias y aislarlas a tiempo, de manera tal que no causen demasiado daño a la sociedad, no parece haberse afianzado en Argentina, a pesar de las experiencias dolorosísimas acumuladas durante el siglo XX y lo que lleva del XXI. Más bien, podría haber sucedido lo contrario. Que no se impusiera un manto de olvido sobre la represión, era el reclamo de las organizaciones defensoras de los Derechos Humanos en 1980. Que la memoria no fuera selectiva y eclipsara todo aquello que pudiera plantear contradicciones a la visión del mundo que finalmente se impuso, es otro reclamo, tal vez menos atractivo.
Un fenómeno de desensibilización se ha ido definiendo en los sectores más opuestos de la sociedad nacional. El clientelismo se ha vuelto un derecho adquirido, cuyo ejercicio se reclama sin pudor, en lugar de ser mostrado como una deformación de la democracia. La corrupción, que viene desde los tiempos de la colonia y fue adaptándose a las modas y mentalidades más opuestas, no tiene suficientes adversarios que la detengan. La búsqueda del placer inmediato, paralelo al desprestigio del trabajo y todo aquello que requiera esfuerzo, autoriza cualquier decisión. Tras haber perdido la fe en las instituciones, los jóvenes pueden ver hoy como válida la posibilidad de ejercer justicia por mano propia. Crece el armamento en poder de ciudadanos comunes, que al portarlo confían defenderse de ataques cada vez más violentos, o aprovechan la oportunidad de hacer valer la Ley de la Selva. Cualquier grupo humano capaz de organizarse, toma por rehén al resto de la comunidad, con el objeto de hacer más atendibles sus puntos de vista. Las redes sociales se han convertido en el espacio propicio para mentir o agredir a quien se cruce en el camino. La lucha por el poder se ha generalizado y liberado de reglas. En cuanto al discurso altisonante (o seductor, de acuerdo a la perspectiva de quien lo oiga) de los nuevos Salvadores de la Patria, eso no ha cambiado tanto y no cuesta reconocer lo que omite decir, hoy o ayer.

miércoles, 15 de febrero de 2017

De ayer a hoy (II): Tapar el sol con un dedo y reinventar la realidad



En mi línea de trabajo, tienes que seguir repitiendo las cosas una vez y otra, para que la verdad penetre, en una especie de catapulta de propaganda. (George W. Busch)

Fanny Navarro en anuncio de jabón Lux
Siempre resulta infructuoso, de acuerdo a la sabiduría popular el proyecto de tapar el sol con un dedo. Quienes lo intentan van a fracasar más temprano que tarde, pero entretanto no encuentran nada mejor para defender sus puntos de vista y eso les asegura no pocas ventajas a corto plazo, que es todo lo que suele importarles. Afirmar, como la publicidad de mediados del siglo XX, que nueve de cada diez estrellas de cine usaban el jabón Lux, era indemostrable, pero también era imposible de rebatir. ¿Dónde estaban las evidencias en un sentido u otro? Lo mismo podía decirse de “Mejor mejora Mejoral” o “Coca-Cola refresca mejor”. Después de repetirse (inalterados) en la prensa gráfica y la radio, estos slogans eran aceptados como ciertos o al menos desalentaban cualquier intento de discutirlos, porque no se los modificaría. La publicidad no estaba sola en esa tentativa de reinventar la realidad para utilizarla en su beneficio.
Botón Eisenshower
El discurso político intentaba lo mismo a mediados del siglo XX. El lingüista Roman Jakobson analizó en los EEUU de entonces, la eficacia del slogan creado para la campaña presidencial de 1952 de Dwight Eisenhower (I like Ike) basado no tanto en la aprobación que pudiera suscitar el historial del candidato, como en la triple repetición (aliteración, de acuerdo a la Retórica) del fonema /ai/. Se trata de un mecanismo carente de contenido, que sin embargo permite memorizar el nombre y crear una ilusoria sensación de familiaridad con el personaje: si se lo puede llamar por el apodo, si la propuesta se canta en un jingle de la televisión, ¿cómo evitar percibir a Eisenhower como alguien cercano, confiable, digno de ser votado?
Afiche nacionalización FFCC
Raúl Apold, Subsecretario de Informaciones y Prensa de los dos primeros gobiernos peronistas, acuñó el slogan “Perón cumple, Evita dignifica”, reproducido incansablemente durante una década, que no puede ser evaluado como una falacia, porque se trata más bien de un paralelismo retórico, donde se sugiere la complementación ideal, carente de conflictos y sin embargo jerarquizada, no redundante, entre dos personajes y dos competencias distintas. Lo novedoso para la época, es que la mujer fuera incluida a la par del marido. No estaba al margen del hombre público, pero tampoco tenía prioridad sobre él.
La brevedad del enunciado dejaba librada al receptor la responsabilidad de aplicarlo a la realidad (¿qué promesas cumpliría Perón, qué situaciones oprobiosas dignificaría Evita?) sin comprometer la credibilidad del emisor, que implícitamente reclamaba la aceptación de su discurso. No hace falta incluir a nadie más, ajeno a la pareja, alguien que posteriormente pudiera adquirir demasiada relevancia propia (y estorbar) o convertirse en un traidor. Otros slogans atribuidos a Apold fueron: “En la Nueva Argentina los únicos privilegiados son los niños”, “Evita, la abanderada de los humildes” e incluso la frase que todas las radios repetían diariamente: “20:25, hora en que Eva Perón pasó a la inmortalidad” (cuando en la realidad había ocurrido a las 20:23, un dato que se juzgó más difícil de recordar).
Héctor J.Cartier: Retrato de Eva Perón
Apold lograba destacar los datos que favorecían al régimen que servía y ocultar aquellos que podían desgastarlo. Él retiró en 1948 todas las fotos de Eva Duarte previas a su encuentro con Perón (donde aparecía con otro color de pelo, otros peinados y vestuario) para dejar en pie la imagen resplandeciente, perfecta, vestida por Christian Dior y retratada por mi maestro, Héctor Cartier, el ícono que iba a recibir la posteridad. Apold concibió la idea de organizar la Fundación Eva Perón y su imponente actividad benéfica. En 1952, él fue encargado de informar a los medios sobre una ilusoria mejoría de salud de Eva Perón, y luego quien organizó su funeral espectacular, filmado en Technicolor por un equipo de la 20th Century Fox contratado en los EEUU.
La televisión no había desarrollado aún el formidable acompañamiento persuasivo de la audiencia nacional que adquirió más tarde, pero el cine ofrecía desde sus inicios simulacros de la realidad altamente verosímiles, que solicitaban ser aceptados sin cuestionamientos. Barrio Gris, la película de Mario Soffici, comenzaba estableciendo un paralelo entre la feliz Nueva Argentina del presente, donde los niños jugaban en plazas construidas para ellos, y el país del cohecho y la miseria que había sido superado definitivamente. Las aguas bajan turbias, de Hugo del Carril, producida a pesar de la oposición de Apold al autor de la novela, encarcelado por comunista, se ambientaba en un pasado de explotación e injusticia, en las plantaciones de yerba mate del norte del país, con una pareja protagónica que en el final escapaba en una balsa de la masacre, no solo hacia el sur, sino hacia el futuro de Justicia Social prometido por el peronismo.
El régimen ejerció un enorme presión sobre la industria cinematográfica, a la que concedía o negaba los permisos para importar película virgen, mientras le aseguraba exhibición obligatoria en las salas o le imponía las listas de negras de artistas nacionales como Ulyses Petit de Murat, Libertad Lamarque, Francisco Petrone, Delia Garcés, Arturo García Buhr o Niní Marshall, a quienes por distintos motivo se les negaba la posibilidad de trabajar en el país y se vieron obligados a emigrar (tal como le sucedió treinta años más tarde Norma Aleandro, Nacha Guevara, Héctor Alterio, Mercedes Sosa, Antonio Berni y otros integrantes de las listas negras de los militares).
La industria del cine no se rebelaba contra estas presiones, pero tampoco dejaba satisfecho al régimen peronista. Los melodramas y las comedias costumbristas no denunciaban los conflictos de la sociedad y soslayaban la propaganda política. Las notas del noticiario Sucesos Argentinos podían ser esquemáticas y breves, pero esas limitaciones inocultables les permitían respetar las directivas oficiales y llegar todas las semanas a la audiencia. La recepción que se daba a los noticieros en la oscuridad de las salas de cine era otra cosa. El abucheo de algunos espectadores, se combinaba con los aplausos de otros, cuando la pantalla mostraba a las figuras destacadas del gobierno, sonriendo en sempiternas inauguraciones, mientras los acomodadores intentaban calmar el desorden con el haz de luz de sus linternas. La brecha ideológica de la que tanto se habló medios siglo después. ya se estaba manifestando de manera inequívoca.
Libro de lectura de enseñanza primaria (años `40)
Los medios audiovisuales otorgan una ilusión de inmediatez y familiaridad, que facilita el aislamiento de los receptores, para volverlos dependientes de unos pocos emisores distantes e inalcanzables. ¡Cuántas evidencias (y qué amenazantes) se han acumulado sobre esos mecanismos de manipulación en la cultura de la modernidad! Las tendencias al control de la mente de los individuos que estaban perfectamente definidas hace un siglo, no se han debilitado en la actualidad. Más bien ha ocurrido lo contrario, porque los medios que se disponen hoy para seducir a millones de personas que no se oponen a ser seducidas, son cada vez más eficaces.
Prisioneros de campo de concentración nazi
Para los fanáticos del nazismo, el Holocausto de la Segunda Guerra Mundial habría sido una invención de los judíos para descreditar a los alemanes. Hay quienes se encuentran convencidos hasta la fecha de que el hombre nunca llegó a la Luna y todo lo que presenciaron en directo millones de telespectadores en 1969, no pasó de ser un filme de efectos especiales elaborado en un estudios de Hollywood. Hay quienes se encuentran convencidos de que un OVNI aterrizó en 1947 en Roswell, y hasta la fecha el Pentágono ha insistido en ocultarlo, quién sabe por qué.
Hay quienes sostienen que Carlos Gardel no murió en Medellín, que Adolf Hitler huyó con Eva Braun hacia Sudamérica, mientras el mundo lo creía suicidado e incinerado en Berlin; que Elvis Presley adoptó el nombre de John Burrows y escapó hacia Buenos Aires cuando se difundía la noticia de su muerte; que Michael Jackson asistió a su propio funeral disfrazado de mujer. Las muertes de Marilyn Monroe y Diana de Gales, no serían un suicidio y un accidente respectivamente, sino crímenes encubiertos por los servicios secretos. Discutir con los sostenedores de esas ideas no vale la pena, porque ellos tienen preparadas las respuestas para todas las evidencias que se opongan a sus hipótesis y contemplan hasta con lástima a los incrédulos que no comparten su precioso conocimiento.

Los jefes totalitarios de masas basaron su propaganda en la correcta suposición psicológica de que (…) uno podía hacer creer a la gente las más fantásticas declaraciones y confiar en que, si al día siguiente recibía prueba irrefutable de su falsedad, esa misma gente se refugiaría en el cinismo. En lugar de abandonar a los líderes que le habían mentido, aseguraría que siempre había creído que tal declaración era una mentira y admiraría a los líderes por su superior habilidad táctica. (Hannah Arendt: Los orígenes del totalitarismo)